jueves, 11 de agosto de 2011

La Argentina que duele

Anoche tuve la oportunidad de ver un largometraje realizado por una estudiante de cine del Instituto Universitario Nacional de Artes de Buenos Aires. Se trata del primer filme en formato de documental de Clarisa Navas: “Retratos de otro país, 200 años después”.
¿Qué tiene de particular esta filmación de otras? La hace tan particular, como para ser recomendada, es quiénes hablan y qué dicen. Los que aparecen en el audiovisual son argentinos que viven en las fronteras del país y exponen una realidad totalmente distinta a la visión oficial que se tiene de la Argentina desde Buenos Aires.
Este trabajo fue elaborado a propósito de los festejos por el Bicentenario de la Revolución del 25 de Mayo de 1810; plantea justamente que en las zonas limítrofes -por distintos motivos- los argentinos no tenemos nada que festejar.
Se filmó en diferentes regiones del país durante 2010 y fue producido de manera artesanal con recursos limitados y el apoyo de diversas personas a lo largo de Argentina, de allí algunos problemas en su edición; pero lo importante y lo que me motivó hacer referencia de él en este post es su contenido, lo que refleja, es la deuda que la nación (o sea todos los argentinos) tenemos con nuestros compatriotas que viven, pelean y padecen en las fronteras.
No es casual que haya entrevistado a descendientes de pueblos originarios de cada zona. Guaraníes correntinos, Qom formoseños, mapuches neuquinos, cada a su modo expone que el concepto de Bicentenario no es igual en cada latitud de la Argentina y el significa está aún más lejos de comprenderse.

SIN LUZ A KILÓMETROS DE YACYRETÁ
Y SIN AGUA EN FORMOSA
En la isla Apipé (unas 25.000 hectáreas de tierra que pertenecen a la provincia de Corrientes pero que se encuentra en aguas del río Paraná bajo jurisdicción paraguaya) la vida no es para nada apacible. Si bien a contados kilómetros se encuentra la represa de Yacyretá, los aproximadamente 2.000 habitantes que allí residen no tienen luz eléctrica, viven en su mayoría de la pesca o de un empleo público. Los médicos no van casi nunca y una partera de lugar atiende desde los nacimientos hasta casos graves de enfermedades, accidentes y emergencias que a veces requieren el traslado urgente a la ciudad costera de Ituzaingó, la localidad más cercana al Norte de Corrientes. Los maestros tienen que utilizar pasaporte para cruzar las aguas en lancha y llegar a dar clases en la escuela. La vida transcurre entre miserias, necesidades y mucha voluntad por sobrevivir de esos argentinos.
En este diálogo constante que se establece entre los protagonistas, los realizadores y el público, surge otra historia que corresponde a los relatos que brindan los representantes de una comunidad Qom en la provincia de Formosa.
Estas familias se asentaron en unos terrenos que aseguran que por derecho natural les pertenece desde siempre, pero que los documentos legales afirman que fueron adquiridos por el gobernador Gildo Insfran. Los líderes de ese grupo exponen que no pueden salir de esas tierras porque no podrían regresar. Constantemente se ven asediados y perseguidos por fuerzas policiales o paramilitares para su desalojo; ni siquiera tienen agua y conseguirla resulta toda una odisea.
Explican además en dónde reside la insistencia para que los reconozcan como comunidad Qom y no Tobas. Una palabra, esta última, que proviene del guaraní: tová y que significa rostro, cara, frente, pero que para ellos tiene toda una connotación despectiva debido a que los qom solían practicar la decalvación de la parte delantera del cuero cabelludo y que por esa razón los españoles los llamaban “frentones”. Es así que en su idioma ntokóit comenzaron a autodenominarse qom que significa hombre.
En sus relatos no podía faltar las persecuciones y presiones a las que se ven sometidos los hombres y mujeres de la comunidad a quienes con cada elección los punteros políticos les quitan y retienen el Documento Nacional de Identidad para asegurarse de que voten por algún candidato en particular.
Para ellos el planteo es lógico, cómo van a sentirse argentinos, cómo tiene que tener algún significado el Bicentenario, sino no somos todos iguales; ellos lo viven cotidianamente y a manos de quienes tienen que asegurarles el cumplimiento de sus derechos.

EXTRANJEROS EN LA FRONTERA Y EN EL PAÍS
Otro tanto ocurre en Jujuy en el límite con Bolivia, en cómo los hombre-hormiga, muchos de ellos bolivianos, tantos otros argentinos, se desloman literalmente el cuerpo pasando por la frontera todo tipo de mercaderías, desde cajones con botellas de cerveza, electrodomésticos, cajas con mercaderías, bolsas de harina, etc. Hombres, mujeres, niños y ancianos por igual destinan todo su día a hacer de transporte por 15 o 20 pesos por jornada (sí leyeron bien, cuando lo ví y lo comentaban no lo podía creer), los que más suerte tienen consiguen al finalizar tantas horas de trabajo unos 50 pesos.
En Villa La Angostura en la provincia de Neuquén, un sitio privilegiado por sus paisajes y la presencia de turistas, la lucha constante de los descendientes de los pueblos mapuches no tiene descanso. Extranjeros siguen comprando tierras y contratan a efectivos policiales argentinos, que convertidos en paramilitares, asedian las tierras y con motosierras cortan las casas de madera, desalojando y obligando a sus dueños originarios a irse de sus lugares, porque no se les permite el acceso ni siquiera al agua potable para beber. Los ingleses y norteamericanos cuentan con más garantías y defensas que estos argentinos para establecer complejos turísticos que ni siquiera cuentan con plantas de tratamiento de residuos cloacales que vuelcan, contaminando, los grandes lagos.
Una historia semejante a esta, es la que exponen los habitantes de Colonia Carlos Pellegrini, en el corazón de los Esteros del Iberá, donde una vez más individuos y compañías extranjeras de ecología extrema buscan la conservación de ese patrimonio natural, llegando incluso a desalojar a productores correntinos de la zona, algunos de los cuales terminaron sus días viviendo en la calle, tirados en las entradas de pueblos vecinos, sin que las autoridades municipales, provinciales o nacionales se preocuparan por sus destinos.

DE SANGRE AFRO
Y en Buenos Aires, también se menciona la realidad de los afrodescendientes, quienes aún en la actualidad se ven discriminados, inclusive por los hijos, nietos, bisnietos de negros africanos que reniegan de su origen. En el documental insisten que no quieren ser recordados como los negritos que vendían pastelitos y velas en la plaza de Mayo durante la revolución de 1810.
“Retratos de otro país, 200 años después” duele. Queda claro todo lo que no sabemos de otros argentinos y de la Argentina. Y pone en el tapete que son justamente las diferencias que nos separan las que nos hace ser ni mejores ni peores, ni ciudadanos de primera por vivir en Buenos Aires o de segunda por vivir en el interior, sino simplemente compatriotas por igual. Lástima que la gran mayoría todavía no lo comprenda, sobre todo nuestros representantes. Por eso hace falta que este tipo de largometrajes llegue a todos, creo que no exagero cuando afirmo que es nuestra garantía a futuro de mayor igualdad.
Vale la pena destacar que el equipo de producción y realización estuvo a cargo de Yaguá Pirú Producciones, con Maia Sol Navas, Mariana Repetto y Clarisa Navas y la producción asociada y el trabajo de cámaras corrió por cuenta de Pablo Dellamea.
Realmente imperdible.

lunes, 8 de agosto de 2011

I wanna do bad things with you

Soy una convencida de la fuerza que tienen las palabras en su idioma original. No es lo mismo decir: “Quiero hacer cosas malas contigo”, que “I wanna do bad things with you”, el sonido es más concreto, más hot. Bah qué sé yo, por lo menos así me parece y más si viene acompañado de la voz de Jace Everett. Vuela mi imaginación a noches oscuras y apasionadas.
“Bad things”, el nombre de la canción, es el tema musical de la serie de televisión True Blood (Sangre verdadera) y no hay duda que la letra y la música le van como anillo al dedo a este programa que ya va por su exitosa cuarta temporada en Estados Unidos y en el cual desbordan las bajas pasiones.
En True Blood la capacidad de asombro está a la orden del día, las fuerzas del bien y el mal se entrecruzan permanentemente de acuerdo a los propios intereses del momento, el amor se entremezcla con el sexo y el poder, y todo tipo de seres sobrenaturales estereotipados, que parecen personas comunes y corrientes, viven experiencias al borde de la coherencia al caer la noche o al salir la luna llena.
Vampiros, telépatas, metamorfos, asesinos, sacerdotisas, hombres lobo, hombres pantera, hadas madrinas, fantasmas, brujas y chamanes, han pasado por los cuatro años que lleva esta serie de televisión; cada uno a su modo contribuyó a que la historia tenga “cosas malas” para mostrar.
La serie creada por el director Alan Ball es una adaptación de los libros “The Southern Vampire Mysteries” de la escritora Charlaine Harris, quien anunció hace unos días que concluyó con el número 12 de esta saga.
El éxito que fue sumando con cada temporada le permite contar con una importante cantidad de fanáticos en todo el mundo, que ya la consideran un fenómeno de la cultura pop y hasta tuvo su tapa en la revista Rolling Stone.
No sólo hay un montón de famosos que quieren aparecer en alguno de los capítulos de True Blood, sino que también ya tiene su propia versión/parodia porno y los directivos de la cadena HBO a la que pertenece, no descartan, llevar la historia a la pantalla grande.
Para los que nos gusta la fantasía, los cuentos de vampiros y con un alto contenido erótico no se la pueden perder. La fórmula del éxito se completa con una selección de actores -sobre todo los masculinos- con cuerpos esculturales y caras perfectas. Ideal para nosotras las mujeres que no podemos dejar de admirar un buen ejemplar cuando se presenta. En True Blood están todos juntos y hay para todos los gustos.
Por lo pronto les dejo el link de la canción para que imaginen como yo, encuentros apasionados con algún atractivo vampiro u hombre lobo.


jueves, 4 de agosto de 2011

Un lugarcito para la reflexión

Quienes me conocen saben que los libros de Paulo Coelho no son para mí. No me atraen; sin embargo una amiga me pasó hace unos días este relato del escritor brasileño que me gustó mucho y quiero compartirlo con ustedes. En esas palabras encuentro muchas coincidencias con mi forma de pensar, de ver la vida; ideas y expresiones que he compartido con gente que amo y que espero que les haya servido en su momento. Por esa misma razón le doy un espacio en este blog para que pueda servir de ayuda a quienes lo lean, o al menos que sea un recordatorio de que siempre tenemos que “cerrar círculos” y seguir adelante.

CERRANDO CÍRCULOS

Siempre es preciso saber cuándo se acaba una etapa de la vida. Si insistes en permanecer en ella más allá del tiempo necesario, pierdes la alegría y el sentido del resto. Cerrando círculos, o cerrando puertas, o cerrando capítulos, como quieras llamarlo. Lo importante es poder cerrarlos, y dejar ir momentos de la vida que se van clausurando.
¿Terminó tu trabajo?, ¿Se acabó tu relación?, ¿Ya no vives más en esa casa?, ¿Debes irte de viaje?, ¿La relación se acabó? Puedes pasarte mucho tiempo de tu presente "revolcándote" en los por qué, en devolver el cassette y tratar de entender por qué sucedió tal o cual hecho. El desgaste va a ser infinito, porque en la vida, tú, yo, tu amigo, tus hijos, tus hermanos, todos y todas estamos encaminados hacia ir cerrando capítulos, ir dando vuelta a la hoja, a terminar con etapas, o con momentos de la vida y seguir adelante.
No podemos estar en el presente añorando el pasado. Ni siquiera preguntándonos por qué. Lo que sucedió, sucedió, y hay que soltarlo, hay que desprenderse. No podemos ser niños eternos, ni adolescentes tardíos, ni empleados de empresas inexistentes, ni tener vínculos con quien no quiere estar vinculado a nosotros. ¡Los hechos pasan y hay que dejarlos ir!
Por eso, a veces es tan importante destruir recuerdos, regalar presentes, cambiar de casa, romper papeles, tirar documentos, y vender o regalar libros.
Los cambios externos pueden simbolizar procesos interiores de superación.
Dejar ir, soltar, desprenderse. En la vida nadie juega con las cartas marcadas, y hay que aprender a perder y a ganar. Hay que dejar ir, hay que dar vuelta a la hoja, hay que vivir sólo lo que tenemos en el presente…
El pasado ya pasó. No esperes que te lo devuelvan, no esperes que te reconozcan, no esperes que alguna vez se den cuenta de quién eres tú… Suelta el resentimiento. El prender "tu televisor personal" para darle y darle al asunto, lo único que consigue es dañarte lentamente, envenenarte y amargarte.
La vida está para adelante, nunca para atrás. Si andas por la vida dejando "puertas abiertas" por si acaso, nunca podrás desprenderte ni vivir lo de hoy con satisfacción. ¿Noviazgos o amistades que no clausuran?, ¿Posibilidades de regresar? (¿a qué?), ¿Necesidad de aclaraciones? , ¿Palabras que no se dijeron?, ¿Silencios que lo invadieron? Si puedes enfrentarlos ya y ahora, hazlo, si no, déjalos ir, cierra capítulos. Dite a ti mismo que no, que no vuelven. Pero no por orgullo ni soberbia, sino, porque tú ya no encajas allí en ese lugar, en ese corazón, en esa habitación, en esa casa, en esa oficina, en ese oficio.
Tú ya no eres el mismo que fuiste hace dos días, hace tres meses, hace un año. Por lo tanto, no hay nada a qué volver. Cierra la puerta, da vuelta a la hoja, cierra el círculo. Ni tú serás el mismo, ni el entorno al que regresas será igual, porque en la vida nada se queda quieto, nada es estático. Es salud mental, amor por ti mismo, desprender lo que ya no está en tu vida.
Recuerda que nada ni nadie es indispensable. Ni una persona, ni un lugar, ni un trabajo. Nada es vital para vivir porque cuando tú viniste a este mundo, llegaste sin ese adhesivo. Por lo tanto, es costumbre vivir pegado a él, y es un trabajo personal aprender a vivir sin él, sin el adhesivo humano o físico que hoy te duele dejar ir.
Es un proceso de aprender a desprenderse y, humanamente se puede lograr, porque te repito: nada ni nadie nos es indispensable. Sólo es costumbre, apego, necesidad. Por eso cierra, clausura, limpia, tira, oxigena, despréndete, sacúdete, suéltate.
Hay muchas palabras para significar salud mental y cualquiera que sea la que escojas, te ayudará definitivamente a seguir para adelante con tranquilidad. ¡Esa es la vida!

Paulo Coelho

lunes, 1 de agosto de 2011

Cosecha roja

Las historias policiales son las que más apasionan a los lectores. Los periodistas sabemos muy bien que la sección Policiales de los diarios son las que concentran las primeras lecturas. Todo el mundo quiere saber qué pasó y cada detalle, cuanto más escabroso suene más interés despertará. Obviamente no soy una excepción a esa forma de morbo por este tipo de noticias y ni hablar de las novelas.
Creo que en otro artículo ya mencioné que desde chica me super enganchaban los cuentos de Edgar Allan Poe, quien por cierto desarrolló un estilo muy particular y racionalista para narrar soluciones a los hechos policiales de ficción. ¿Quién no leyó Los crímenes de la calle Morgue, el Misterio de Marie Roget o La carta robada? Donde el principal personaje es el detective Auguste Dupin. Me encantaba la calidad con que razonaba para hallar al culpable.
Ni hablar de las historias de Sherlock Holmes y su acompañante el doctor John Watson de Arthur Conan Doyle. Y por supuesto mi favorita la escritora Agatha Christie con sus personajes el inspector de Scotland Yard Hércules Poirot o la ancianita Miss Marple, que resolvieron fantásticamente “Asesinato en el Orient Express”, “Muerte en el Nilo”, “Muerte en la vicaría”, “El tren de las 4:50”, entre un montón de novelas geniales.
Noches enteras me quedé leyendo estas geniales historias sin parar sólo para saber quién era el asesino o cómo se develaba el misterio.
Es totalmente cierta la expresión que señala: la realidad supera la ficción. Porque en verdad los hechos policiales ocurridos, no sólo hace décadas sino también en la actualidad, le ganan por lejos a los novelistas que leía de chica.
Por estos días finalmente pude conseguir un libro que busqué por mucho tiempo y que contiene relatos policiales argentinos de distintas décadas. Son notas escritas por el periodista especializado en esta temática, Ricardo Ragendorfer y se llama “A pura sangre”.
En realidad ya había leído sus historias que publica mensualmente en la revista Caras y Caretas en la sección Cosecha Roja. En ellas y con buen tino, este periodista da cuenta de hechos que marcaron hitos en la crónica policial del país y que de una u otra forma tuvieron trascendencia en los medios. Esos relatos son los que forman parte de este libro que me resultó sumamente interesante, no sólo por tratarse de crímenes verdaderos sino porque ni siquiera me había enterado de muchos de ellos hasta que los leí.

17 NARRACIONES
Allí están reunidos relatos en los cuales se hace referencia incluso a los escritores de las novelas policiales, como en “Un enigma para Poirot” que narra un asesinato ocurrido en marzo de 1990 en la Recoleta y que a través de los diarios  se conoció como “El crimen de la modelo”.
En él se mezcla lo escabroso con lo ridículo: la balearon a la salida de un albergue transitorio, se decía que era descendiente de la nobleza y que había contratado su propia muerte; pero el verdadero protagonista de la historia era su asesino, Tito Colman, un hombre que no sabía vivir en libertad.
Un asesinato que sin duda tuvo todos los ingredientes para derramar ríos de tinta. “Su argumento transpiraba glamour: una modelo por cuyas venas corría sangre azul y un misterioso oficial de la Armada, emboscados en un barrio paquete, con el trasfondo de un increíble completo”, resume Ragendorfer.
También retrata en “Amor a la tramontina”, la historia de Fabián Tablado quien en 1996 mató a su novia de 113 puñaladas. La justicia lo condenó a 24 años de cárcel; tras las rejas se hizo evangelista y hasta se puso de novio con una fan que lo vio por televisión y se enamoró.
En “Ninguna boda, tampoco funeral”, el periodista trae a la memoria el caso de María del Carmen Rombolá quien está presa por matar a su pareja en agosto de 2003; un hombre de casi dos metros y 200 kilos, a quien descuartizó frente a una parrilla con ayuda de su amante.
Entre las historias de asesinos recopiladas en este libro aparecen las muertes de Luis Fernando Iribarren en 1995, conocido como “El chacal de San Andrés de Giles”. En “Una herencia en cada palada” cuenta cómo mato a su tía de un hachazo en la cabeza y la enterró en el jardín. Claro que nueve años antes había empuñado la pala para cavar las tumbas de sus padres y sus hermanos.
Imperdible “El catequista arrepentido”. Según cuenta los crímenes tuvieron lugar una madrugada de octubre de 1989. La culpa de este doble crimen la tuvo un “picadito” de fútbol. Los perdedores no soportaron la derrota; masticaron la bronca durante varios días y se vengaron asesinando a los rivales de un modo atroz. El que apretó el gatillo, un buen cristiano, se entregó en compañía del propio Ragendorfer.
“El trébol de la mala suerte”, otra historia de muerte pero ocurrida en 1922. Mateo Banks tenía dos estancias, era socio del Jockey Club, militaba en el Partido Conservador y portaba el palio en las procesiones. También era un derrochón y un jugador empedernido que no pagaba sus deudas. Mató a su familia para heredar y armó un teatro que fue su perdición.

ASALTOS, ATAQUES COMANDOS Y ROBOS AÉREOS
Por supuesto en el libro de Ricardo Ragendorfer también figuran otros hechos. Un asalto histórico como el perpetrado a la Policlínica Bancaria en 1963, o una referencia al ataque al Batallón Domingo Viejobueno en la localidad de Monte Chingolo en 1975, que se considera la mayor batalla librada por la guerrilla y que dejó un saldo de 60 muertos. Este periodista entrevistó, 30 años después, a un militar de los servicios de Inteligencia que cuenta quién y cómo se infiltró en el ERP y delató la movida.
No podía faltar el insólito secuestro, el 28 de septiembre de 1966, de un vuelo de línea a manos de un comando nacionalista que secuestró el avión y lo desvió a las Islas Malvinas. Cuentan que fue el primer acto de piratería aérea en la historia argentina. Resultó una maniobra inoportuna, porque ese día el canciller Costa Méndez reclamaba por las Islas en la ONU y el dictador Onganía jugaba al polo con el marido de la reina Isabel.

CASI UNA CARCAJADA
Además de personajes que también hicieron historia en las crónicas policiales como el comisario Mario Naldi, con su Magnum en la cintura y sus elegantes zapatos blancos era el dandy de la Bonaerense. “Jugador de rugby, veraneante en Punta del Este y dueño de cuentas poco claras, engrosadas a medida, sus sonoros operativos terminaban en la nada”.
O Gustavo Germán González el periodista que hizo de la crónica policial un arte. Según narra Ragendorfer contaba los crímenes más truculentos con una picardía que agotaba las ediciones del diario Crítica, donde trabajaba. Su obra maestra no fue una nota sino la resolución de un asesinato. “Firmaba como GGG, casi una carcajada”.

DE JAURÍAS Y OTRAS ANÉCDOTAS
Y en el libro no podían faltar las anécdotas, como el caso de la falsa muerte de un violinista clásico devenido rockero “que generó una necrológica que daba gusto leer: lo mostraba talentoso, divertido, genial. Fue una compensación por la que se escribiría años más tarde, que se limitó a contar que había sido atropellado por un ciclista que escapaba de una jauría de perros furiosos”.
Vale la pena contar este detalle: Al parecer en la ciudad de La Plata en 2003 se registró un hecho que llamó la atención de muchos: un grupo de perros cimarrones que circulaban furtivamente por el zoológico de esa ciudad asesinaron a cuatro canguros. “Después de devorar a las víctimas la jauría se dio a la fuga. Luego de ello los ataques nocturnos de la banda canina siguieron ocurrieron. En alguna ocasión volvían a ingresar a través de pozos que hacían con las patas, otras directamente se escondían en algún sitio del zoo. La escalada de violencia desatada por los perros se cobraría 13 víctimas más: siete muflones de Córcega, dos ciervos y cuatro ñandúes”.
Según cuenta el periodista, luego comenzaron a merodear por el Paseo del Bosque, atacando a docentes del Observatorio, estudiantes del Museo de Ciencias Naturales y simples peatones. Luego extendieron su animoso accionar hacia zonas más urbanas. Fue en esa ocasión y mientras un ciclista escapaba de ellos que atropelló el violinista-rockero, quien falleció tres días después.

SUICIDIOS QUE HICIERON HISTORIA
Por supuesto “Aquella vieja costumbre del suicidio”, relato a través del cual toma la muerte en los 70 del conserje del Club Argentino de Ajedrez, que se cortó las venas en un baño de la institución, para recordar la tradición vigente en la Argentina desde Leandro N. Alem hasta los suicidas del 30.
En ese sentido, Ragendorfer señala: “en un pasado remoto existió una especie de tradición que consistía en suicidarse en los clubes más exclusivos de Buenos Aires. Se remontaba al 10 de julio de 1896, cuando Leandro N. Alem se mató de un tiro en el Club del Progreso. En uno de sus bolsillos fue hallada una carta, en la que simplemente decía: Queridos consocios, disculpen que les haya hecho pasar este mal trago, pero quise que mi cadáver quedara entre manos amigas. Desde entonces, el rito de matarse se fue amoldando a códigos que debían cumplirse a rajatabla. Por ejemplo quien se considerara un verdadero caballero debía suicidarse preferentemente con un disparo en la sien, de lo que se desprende que estaba muy mal visto infringirse la muerte mediante el cobarde recurso de ingerir algún veneno. Por eso mismo, en el velatorio de Horacio Quiroga, que se suicidó el 19 de febrero de 1937 tragando una exagerada dosis de cianuro, su colega Leopoldo Lugones se paró junto al féretro para acariciarle la frente al finado, y decir: Horacio, te suicidaste como una sirvienta. Fue paradójico, desde luego, que el propio Lugones, tras despedirse de sus más cercanos amigos en el Círculo Militar, se haya suicidado en una isla del Tigre exactamente el 19 de febrero del año siguiente, ingiriendo nada menos que ¡cianuro!”
La crónica roja está al orden del día en las calles y también en los libros. Obviamente prefiero estos últimos. “A pura sangre”, sin duda, es un libro para los amantes de la crónica roja como yo, que nos enganchamos hasta saber hasta el último detalle, imaginando -tal vez sin darnos cuenta- que somos un poquito Poirot, Dupin, Miss Marple o Sherlock Holmes.
Admito que no estoy ni cerca de poder resolver un caso policial, pero disfruto del morbo y ahora ya tengo la vista puesta en el próximo libro que quiero conseguir y que casualmente me enteré de su existencia al leer la trayectoria de Ricardo Ragendorfer, pues es autor de “Robo y falsificación de obras de arte en Argentina”, cuando lo consiga se los comento.

miércoles, 8 de junio de 2011

Explosión de colores y divertida ingenuidad

Hay un proverbio oriental que dice: “Un poema es una pintura dotada de voz y una pintura es un poema callado”. Sin lugar a dudas creo que este pensamiento se puede aplicar perfectamente a la obra de Luciano Acosta.
Sí, no me miren de costado, adivino lo que están pensando: “está exagerando un poco”; pero no. Me gustan tanto los cuadros de este artista chaqueño que sinceramente me parece poesía pura. Denme el beneficio de la duda al menos, porque en las artes todo es cuestión de la visión particular y sobre todo de los gustos que cada uno tiene.
Durante este mes de junio una serie de sus cuadros se encuentra en exposición en la casa de huéspedes La Alondra, en esta Capital. Y si bien todavía no tuve oportunidad de ir a verlas personalmente, ya estuve mirando las imágenes de la muestra. 
Encuentro las creaciones del Ilustrador del Chaco (tal como se hace llamar en el facebook) muy motivantes y divertidas, son pura explosión de colores y formas planas que dan vida a personajes de la serie Mamushkas, Boconas, Gallinetas, Ojos. Es simple expresividad, creatividad cargada de dulzura e imaginación y en el medio de todo ello, los colores.
Son varios los que dirán -cayendo en el facilismo- que esos dibujos y pinturas los puede hacer cualquier chico, que no tienen nada de extraño, difícil y delicado; pero yo les diría que Luciano Acosta tiene un estilo tan particular, un trazo justo con el cual puede expresar muchas cosas. Nada está librado al azar en sus obras, cada componente cumple un rol tan particular que podrá ser imitado, pero la síntesis que se manifiesta a través de sus líneas es difícil de sustituir. Lo sé, estoy escribiendo como una fanática y tal vez es cierto; insisto: ¡me fascina su obra!

PROMOCIÓN 2.0
Hasta hace un tiempo era conocido por un círculo de artistas, críticos de arte, amigos y familiares, reducido al Chaco y a Corrientes. Llegó inclusive a Buenos Aires, la Meca para los creativos del interior del país. Pero este hombre ha sabido encontrarle el potencial a las redes sociales. A través de dos sitios en facebook se ha encargado de difundir y vender muy bien su obra. Así fue como me enteré de su existencia el año pasado.
Webeando por el muro general me llamaron la atención las fotografías de sus trabajos y los comentarios que hacían sus seguidores. Eso bastó para incorporarlo como contacto. Así descubrí que es justamente esa participación activa en la red, dando opiniones, respondiendo los comentarios que hace sus admiradores, inclusive sorteando obras, lo que le ha permitido despegar y trascender las fronteras de su provincia.
Tengo que ser sincera y reconocer que Luciano Acosta no es ningún improvisado y se ha vinculado con el mundo del arte y la cultura de Resistencia (Chaco) desde hace ya unos 11 años. Internet 2.0 sólo le permite extenderse y ser conocido entre la gente común, que también en definitiva es la que compra los cuadros, la que recomienda a otros hacerlo, e inclusive la que permite que un artista salga de su anonimato, trascender y ser convocado a exponer en otros lugares.
Según la información que circula sobre él pude saber que es diseñador e ilustrador, pero en alguna de las entrevistas que leí se reconoce a sí mismo como un autodidacta. Incursionó en el mundo del arte en la ciudad de Resistencia de la mano de otro artista plástico reconocido en el mundo artístico de Chaco y Corrientes, Juan José Stegmayer que dicta un taller llamado Guernica. Asegura que fue allí donde comenzó su trabajo en la pintura en caballete y aprendió a trasladarse a las paredes como un muralista urbano.
Sus proyectos culturales se extienden más allá del lienzo y el atelier, porque tiene una participación muy activa en el diseño de la revista de cultura Cuna, la publicación de historietas Ñeri, y por si eso no fuera poco también ilustra los productos textiles del “Ático de Lu”.
Si bien Resistencia es llamada la Ciudad de los Esculturas, el movimiento cultural es tan amplio que también ha desarrollado una tendencia hacia cierto arte muralístico. Y en ese contexto Acosta tiene sus obras de arte público. Siempre menciona en las entrevistas que le entusiasma hacer murales, que un mural cuenta mucho más que un cuadro, por lo que experimenta en el momento en que lo realiza.
Uno de sus murales se encuentra en el Barrio Juan Bautista Alberdi en esa Capital provincial, y se llama “Árboles de alegría”. En un sitio donde no hay árboles y predomina la miseria, por eso este artista decidió ponerle brillo y dejar un regalo a los vecinos del lugar.

INFLUENCIAS
Hay ciertas influencias en su obra que tienen reminiscencias en su pasado, en sus experiencias. Por ejemplo, ha contado que de chico vivía inmerso en un ambiente familiar con tradiciones muy arraigadas, donde predominaba la música clásica y las comidas típicas provenientes de los Balcanes, por el origen yugoslavo de su madre. Explica que por esos años ya se sentía atraído por la imagen de la mamushka, figura que hoy se destaca en su arte y que se manifiesta como parte de los orígenes familiares.
De su viaje por Europa durante cuatro meses, tras finalizar la carrera de diseñador, sostiene que pudo tomar contacto con las obras de Vincent Van Gogh, un artista que también utilizaba una importante gama de colores para expresarse. Por supuesto sus trabajos no están exentos inclusive de haber recibido un halo inspirador en Pablo Picasso o Salvador Dalí, de quienes tiene una serie de fotografías entre sus carpetas en facebook.
Entre las vivencias aparece otro plástico chaqueño, Milo Lockett, quien lo invitó a participar de un encuentro de artistas del interior en Buenos Aires y que incluyó presentaciones y muestras. Cuenta que fue allí donde conoció y aprendió más sobre los diferentes estilos y tendencias del arte.

NAÏF
Entre las referencias que encontré respecto de su obra hay quienes aseguran que Luciano Acosta se enmarca, en lo que se refiere a la temática, dentro de una tendencia naïf oriental, a la que se suman los contrastes monocromáticos. Y su bien no pude hallar reseñas para comprender esto, puedo reconocer que es netamente ingenua.
Dejando lo “oriental” de lado, hay algunas características de la corriente naïf que sin duda están reunidas en los trabajos del artista: la ingenuidad, la espontaneidad, los colores brillantes, la falta de perspectiva en las líneas, la simplicidad para ofrecer una visión del mundo sincera y exenta de artificios, contornos con mucha precisión, sensación volumétrica por medio de un extraordinario colorida, pintura detallista y minuciosa y gran potencia expresiva, aunque el dibujo pueda ser incorrecto.
Todo esto está tan presente en cada obra, que para aquellos que no conocían la forma de expresión figurativa de Luciano Acosta, una vez que la hayan visto podrán reconocer siempre su estilo. Desde el “Puente dado vuelta” -que participó de una muestra organizada hace años por la Municipalidad de Corrientes- pasando por la serie “Las antiguas aves del Chacu”, las “Gallinetas cluecas y turulecas”, “Las Mamushkas” y “Boconas”, “Veo Veo” –en referencia al canal Paka Paka- hasta el cuadro de la Gran Mamushka argentina que le fue regalado a la presidente Cristina Kirchner durante los festejos del 25 de Mayo en el Chaco, cada pintura lleva su marca indeleble.
Este plástico tiene sólo 34 años y toda una carrera por delante. Todavía es un artista emergente del que seguramente vamos a escuchar hablar más seguido en poco tiempo, no digan después que yo no les avisé cuando se ponga verdaderamente de moda y los galeristas se peleen por una exposición suya. Ojalá así sea, pero mientras tanto yo quiero un cuadro de él ¡ahora!

martes, 7 de junio de 2011

A propósito del Día del Periodista

¿Cómo celebra uno el día del periodista? ¿Hay que hacer algo distinto en este día? ¿Participar tal vez de los agasajos y brindis que organizan algunas instituciones públicas y privadas? ¿Mandar mensajitos a los colegas, como si fuera el cumpleaños? La verdad que no sé. No cambia nada que hoy se recuerde a esta profesión, la jornada no se pone más luminosa o más soleada, no estoy de mejor o peor humor, feliz, alegre o depre, estoy igual.
Sí ya sé, a la gente le gustan los saluditos y yo tal vez tenga una visión un poquito más cínica que el resto, pero soy una convencida de que la única forma de hacer honor a esta profesión, o mejor dicho a esta vocación, es dignificándola con trabajo. Pero no trabajar por trabajar, por el solo hecho de que hay que hacerlo, sino se debe hacer de la mejor forma que uno sabe, la correcta, de ser posible excelente y eso se hace todos los días no solamente un 7 de junio.
Mientras escribo estas líneas viene a mi memoria el momento exacto cuando descubrí esta profesión. Tenía sólo 16 años y estaba leyendo una novela romántica que se llamaba “La boda real”, un libro de literatura adolescente que narraba justamente la experiencia de una periodista norteamericana que era enviada a cubrir el casamiento de lady Di con el príncipe Carlos. Ya sé, ya sé, no digan nada y dejen afuera sus comentarios acerca del contenido de lo que leía.
Esa novela me abrió los ojos acerca de lo que yo quería hacer en el futuro: viajar, conocer otros lugares, otras culturas, a personas que me relataran sus vidas, sus experiencias, problemas, felicidades… Mucho después descubrí que el periodismo es mi vocación, pero esa es otra historia.
A partir de ese momento, yo que andaba medio ciega sin tener muy en claro -como todo adolescente- qué iba a estudiar una vez finalizado el secundario y de qué iba a vivir, descubrí un mundo nuevo de posibilidades.
Veinte años pasaron, si viajé y conté muchas historias sólo puedo decir que no tanto como me gustaría. Viajar, lo que se dice viajar para conocer otras latitudes diría que no mucho; pero sí he escuchado muchas vivencias; es innumerable la cantidad de gente que conocí, entrevisté y que me abrieron parte de sus vidas para permitirme escribir acerca de ellas.
No me quejo, a veces siento que todavía estoy en pañales respecto de todo lo que me falta aprender de esta profesión, o lo que aún resta por conocer y contar, y no pierdo las esperanzas de viajar muuuuucho más. Mi sed de historias es inagotable.
Pero no quiero dejar de mencionar algo que es ineludible en esta fecha y que debería anteponerse a cualquier cosa, porque es la que habla de lo que somos como profesionales, como trabajadores: las condiciones laborales de los periodistas. Estaría bueno que el trabajo, esfuerzo, la profesionalización, fuera bien remunerada. Ese es un aspecto que todavía no es comprendido por quienes son los dueños de los medios y sobre el que los periodistas tenemos que comprometernos verdaderamente para exigir su cumplimiento. Hay una nota que se elaboró en la Asociación de Periodistas de Corrientes a propósito de esta fecha y que me parece muy acertada para reflexionar:

OTRA VEZ 7 DE JUNIO, AGASAJOS A LA PRECARIEDAD
Se conmemora hoy el Día del Periodista y entre agasajos y salutaciones los trabajadores de prensa continúan ante una situación muy grave en la historia de nuestra actividad, agraciada por la inacción de los organismos públicos de contralor como la Subsecretaría de Trabajo de la Provincia a cargo de Laura Vischi y el Ministerio de Trabajo de la Nación sede en Corrientes conducido por Justo Zapponi. Situación que las patronales aprovecharon para imponer condiciones laborales que sumieron a la mayoría del gremio en la precarización y el trabajo no registrado, que en muchos casos se asemejan a una esclavitud apenas disimulada.
Con admirable disimulo, los funcionarios públicos agasajan durante la semana a los periodistas destacando así la labor de la prensa de Corrientes, que sin embargo, con estadísticas alarmantes pone en evidencia la crítica situación que se vive en las enriquecidas empresas periodísticas.
Números para tener en cuenta: el 99 % de los medios de comunicación de la provincia no cumple con los convenios vigentes. El 75 % de los trabajadores cobra en promedio 2.500 pesos por debajo de la escala salarial, de los cuales un 30 % está por debajo del mínimo vital y móvil que establece el Gobierno Nacional.
Según el Ministerio de Trabajo de la Nación empresas periodísticas del Nea tienen el 40% de los trabajadores de prensa en situación informal, que en Corrientes se reduce a 1 de cada 3 trabajadores del sector está en “negro”. El 90 % de las empresas periodísticas de la provincia no cumple con las condiciones mínimas de seguridad e higiene lo que genera un riesgo potencial para la seguridad y la integridad de los compañeros.
A esto podemos agregar, las condiciones de hostigamientos, persecución y acoso laboral, situaciones que producen en el 70 % de los trabajadores trastornos de estrés, un problema creciente e inevitable. Esto sin mencionar las condiciones paupérrimas en la que se desempeña el trabajador de prensa, principalmente en las redacciones, portales digitales, radios y televisión donde deben afrontar la falta de materiales y herramientas de trabajo (grabadores, cámaras, pilas, cds, cuadernos y pilas; entre otros tantos elementos) como así también en mal estado de las máquinas (computadoras obtusas) que dificultan el desempeño laboral.   
En los últimos años aumentó la tolerancia de los trabajadores a las promesas incumplidas de los empresarios periodísticos que prometen mejores condiciones laborales e incrementos salariales, con la misma frecuencia con que se redujo el compromiso de bregar por el cumplimiento de los derechos del trabajador, establecidos en el Estatuto del Periodista Profesional Ley 12.908 y Estatuto del Empleado Administrativo de Empresas Periodísticas Ley 12.291, ambos expresados en el Convenio Colectivo de Trabajo Nº 541/08.
Podemos seguir enumerando incontables situaciones graves por la que atraviesa la actividad periodística en la provincia y por ello desde la Asociación de Periodistas de Corrientes reiteramos la firme decisión de sumar esfuerzos con el fin de reconstruir la organización sindical para recuperar las conquistas perdidas y pelear por las reivindicaciones sentidas y postergadas de todo el gremio.
Por eso celebramos hoy la existencia de trabajadores que resisten a las mentiras empresariales y se enfrentan cotidianamente para que la verdad no quede oculta y sigamos contrayendo por una profesión más digna y con derechos garantizados.
A todos los compañeros y compañeras de prensa de Corrientes, Feliz Día del Periodista.
Con afecto
Martín Romero
Secretario Adjunto de la Asociación de Periodistas de Corrientes 



jueves, 2 de junio de 2011

Historias de fantasmas, aparecidos, alimañas, religiosidad y superstición en Corrientes

Si hay algo que siempre me gustó son las historias bien contadas. De chica en casa, en Buenos Aires, aprendí a escuchar y leer cuentos, sobre todo de suspenso. Crecí leyendo los relatos de Edgar Alan Poe que mi papá tenía entre sus libros. Lo había descubierto porque en la tapa tenía -y aún tiene- una calavera y eso me indicaba que seguramente me despertaría mucho miedo.
Ese autor me abrió un mundo mágico, más cruel tal vez, alejado del mundo de los cuentos de hadas a los que estaba acostumbrada hasta ese momento, pero que no dejaba de ser fantástico. Fue así que me pasé siestas enteras sentada en la terraza. Mientras mi mamá dormía siesta yo me divertía con esa lectura, sentada en el piso entre las plantas y disfrutando del sol que calentaba las tardes de invierno. Supongo que fue a partir de ese momento que los relatos de ficción, las leyendas y los mitos comenzaron a interesarme.
Casi 20 años después, literalmente me devoré los tres libros “Buenos Aires es leyenda”, de Guillermo Barrantes y Víctor Coviello, que rescatan los mitos urbanos de esa gran ciudad que es Buenos Aires y con una escritura ágil recrean e intentan, a través de entrevistas a protagonistas y vecinos de los distintos barrios porteños, probar su veracidad, como si fueran cazadores de mitos.
Creo que fueron también este tipo de narraciones las que me hicieron amar la historia, que me pareciera sumamente interesante y no la materia pesada que tenía que estudiar en la secundaria. A través de ellas aprendí a descubrir que detrás de cada hecho siempre hubo y hay personas; hombres y mujeres que vivieron de tal o cual manera, que se vieron atravesados por pasiones, deseos, odios, mezquindades, intereses y objetivos.
Todo depende también de que haya un buen narrador. Si la historia, la leyenda, no está bien contada, no va a despertar nunca el interés del oyente, del escucha, del lector; es allí donde muchos fallan y sólo unos poco triunfan.
Toda esta introducción viene a propósito de que ayer tuve la suerte de recibir como regalo un libro de relatos fantásticos de Corrientes. Un pequeño volumen llamado “Historias que me contaron y algo más…” que reúne 10 cuentos cortos situados en esta Capital y que según su autor Ramón “Pucho” Encinas, son relatos orales y tradicionales que él se propuso rescatar del olvido.
Quiero hacer hincapié en la palabra suerte. Porque desde el momento en que abrí el libro no pude parar de leer. Cada una de las narraciones ejerció en mí como un imán que no me liberaba. Durante una hora estuve sentada frente a mi computadora en el diario, leyendo. Y fue fantástico. Hacía rato que no me pasaba algo así y tengo que reconocer que nunca con un autor correntino.

RELATOS INCREÍBLES
Grande fue mi sorpresa cuando inclusive reconocí una de las historias, “La Laguna Brava”, en un recuerdo que tengo de chica, algo que me había comentado mi mamá y que también me ayudó traer a mi memoria.
El relato trata acerca de una mujer ingrata que había hecho una promesa a la Virgen de Itatí de que si salvaba a su hija de una enfermedad ella donaría todas sus joyas. De acuerdo con el el escritor y en coincidencia con el que a mí me habían contado, de regreso de Itatí y tras cumplir con lo prometido, la familia -que era de Empedrado (un pueblo distante a 70 kilómetros al Sur de esta Capital y donde también nació y se crió mi madre)- hizo un alto para pasar la noche en inmediaciones de una laguna que se encuentra en las afueras de esta Capital, un barrio humilde que justamente se llama Laguna Brava. Al parecer frente al fogón la mujer dijo: “había sido interesada la Virgen, cura según lo que se ofrece”. Por supuesto, esto fue suficiente para que horas después toda la familia, que dormía en la carreta, fuera arrastrada por los bueyes hasta el medio del lago y murieran ahogados, a modo de castigo. Y como muchas de las leyendas, las fábulas y cuentos, esta tiene su moraleja respecto de la ingratitud de las personas y el escarmiento que recibirán.
De todas formas, a partir de esa muerte comenzó a gestarse y circular la historia: “Cuentan los vecinos del lugar que en noches como aquella, si algún caminante trasnochador pasa cerca de la laguna Brava, puede ver una negra carreta hundiéndose y oír lamentos de terror”, publicó el autor.
La diferencia que más tarde me comentó mi mamá, después de leerle este cuento, fue que esa misma noche cuando se va a dormir, la mujer encuentra con la sorpesa de que debajo de su almohada estaban todas las joyas que había dejado a los pies de la Virgen de Itatí.
“El clarín de la muerte” es otro de los cuentos acerca de los que también escuché. Encinas relata que algunas noches de frío y neblina se escuchan y hasta se pueden ver en el Parque Mitre, (hoy un paseo importante de esta ciudad) a los espíritus de los soldados paraguayos y correntinos que se enfrentaron en 1865 durante el desembarco de las tropas paraguayas que llegaban para invadir Corrientes y tomar prisioneros –previo a la declaración de la Guerra de la Triple Alianza-.
Se suma también “La mano fría” que hace referencia a un policía de custodia que apareció muerto en un baño de Casa de Gobierno, o “El final, la semilla” que narra la muerte de un gaucho que se hacía llamar Poncho Verde porque se envolvía en el paño de una mesa de villar y que con su muerte, en cercanías al arroyo que desemboca en el río Paraná (a un costado del Parque Mitre), no sólo se inició la leyenda sino también dio nombre a ese riacho que hoy está entubado y a la avenida que recorre un tramo de la Capital y que une la avenida Costanera “General San Martín” con otra arteria urbana importante de la Capital.
Por supuesto infaltable la historia de el lobizón retratada en “Aquella noche”, “La dama de la escuela” en referencia a la muerte que supuestamente deambula en un edificio del colegio salesiano Pío XI, “El castigo” para los que no respetan le Jueves y Viernes Santo, “La casa de la serpiente”, “El espina corona” y “Bodas de luto”; este último cuento habla de un casamiento frustrado por la muerte de la novia que fue atacada por unas arañas, el cual me hizo acordar muchísimo al relato de Horacio Quiroga, “El almohadón de plumas”.
Ninguno de los cuentos tiene desperdicio. Son viejas historias que sin dudas el autor -quien se desempeña como profesor de lengua y literatura en el colegio salesiano Pío XI- se atrevió a rescatarlas del olvido y de la indiferencia de estos tiempos.

DEJAR CONSTANCIA
El propio Ramón Encinas lo explica muy bien en la Introducción del libro: “Copista o amanuense. Quizás yo sea una de esas posibilidades. ¿Escritor? No sé. Sencillamente es “dejar constancia” de lo que escuché de boca de mis mayores, cuando era niño: historias, relatos, sucedidos… En una época en la cual el único medio de comunicación familiar era la radiofonía. Por las noches solíamos captar, en viejas radios a válvulas, las emisoras de Buenos Aires. Y así, todos juntos, parra seguir el emocionante capítulo del radioteatro Palmolive del aire, o el Glostora Tango Club, o El Boletín Sintético de Radio El Mundo, y por qué no, la uruguaya radio Colonia para enterarnos de los enfrentamientos entre “colorados” y “azules”… Pero la hora de la cena era algo esperado e infaltable. Porque una vez concluida, mi abuela, mi vieja tía Sara, mis padres y algún vecino, conversaban y contaban estas historias, que ellos, a su vez escucharon; y yo, con la curiosidad de la niñez, atendía hasta que el sueño cerraba mis párpados y me iba a dormir con mis figuritas, mis balitas o mi trompo. Por eso digo que, tal vez, sólo soy un copista, porque lo único que hice fue transcribir, como cuentos, los que contaban mis ancestros memoriosos. Y para que esos sucedidos, verosímiles o imaginarios no se pierdan, decidí escribirlos”.
Corrientes es una ciudad con 423 años de vida y el tiempo que llevo viviendo aquí me ha permitido conocer muchísimas historias más; esta Capital está llena de recuerdos y fantasmas, de historias y leyendas, sólo hacen falta más cuentacuentos, hábiles narradores -como este autor- que nos devuelvan el placer de escuchar.