“¡Vos
y tus inquietudes!” fue la expresión de mi hermana al hacerle algunas preguntas
sobre una costumbre muy propia de las mujeres: juntar bolsas. Es que en los
últimos días caí en la cuenta que se trata de una manía femenina más frecuente
de lo que pensaba esto de guardarlas y me predispuse a indagar en por qué lo
hacemos.
Algo
que por cierto suele generar más de un comentario despectivo por parte del
sector masculino que inmediatamente dice:
“¿Para qué guardás tantas bolsas? ¡Tirá todo a la basura!” O peor aún: “¡Te las
voy a tirar la basura en cualquier momento!” ¡Sacrilegio total! Pero nosotras
no nos dejamos amedrentar, las defendemos cuan si fueran nuestros hijos recién
nacidos, apretándolas todas juntas contra nuestro pecho.
Jajajajaja.
Está bien, suena a exageración, lo sé. Algunas podremos tener más cantidad,
otras menos. ¡Ojo que no se trata de coleccionarlas! Sólo doblarlas para que no
se arruguen y colocarlas todas juntitas en el fondo del placard o en un cajón.
Hasta que un día nos damos cuenta que ninguno de los dos ya cierran, que en el
apuro por sacar una quedaron todas revueltas y esparcidas. Nos decimos: “Prometido:
el fin de semana (por poner una fecha, también vale: más tarde, mañana, el
viernes o x día) hago una selección y tiro las que estén de más”, pero eso
nunca ocurre. Sólo las corajudas y las que se precian de ser prácticas tienen
la capacidad de hacerlo sin sentir un sentimiento de pérdida.