miércoles, 22 de enero de 2014

De mutilaciones, ofensas a la moral y la desaparición de una obra

Las críticas y el escándalo que despertó la interpretación que el ballet oficial de la Fiesta Nacional del Chamamé en Corrientes hizo del mito guaraní del Kurupí y su largo miembro -mutilado de inmediato- me hizo recordar otra historia; un alboroto que se produjo en el Nordeste hace más de 75 años, pero del cual no quedan muchos registros e inclusive hay quienes dejan entrever que se trataría sólo de una leyenda urbana.

Me refiero a la estatua "El indio" del escultor chaqueño Crisanto Domínguez, realizada en 1938. Un desnudo de tres metros de altura tallado en madera de quebracho, montado en un pedestal sobre la avenida 9 de Julio al 450 de la ciudad de Resistencia (Chaco).

Según ha trascendido, un año después de instalada la obra, sufrió la censura de la sociedad más pacata de Resistencia; cuentan que primero los genitales fueron cortados y de acuerdo con las pocas versiones que aún circulan, fue arrojada al río Negro donde se perdió definitivamente.

Como se ve, no es la primera vez que un desnudo causa tanto revuelo. Pero el destino que tuvo fue totalmente adverso, directamente destruyeron la obra, tan grave como mutilar un mito ancestral.




EN BÚSQUEDA DEL TESORO
Hace poco más de dos años el psicólogo, escritor y cineasta Jorge Castillo presentó el libro "Crisanto Domínguez. ¿El que soñaba con París...?" un trabajo que comenzó con la búsqueda del tesoro perdido: el imponente monumento al indio chaqueño.

Una nota del periodista y escritor chaqueño Guido Miranda del 2 de diciembre de 1984 en el diario Norte, planteaba interrogantes sin respuestas, llamativos silencios y omisiones sobre la obra, que resultaron el leitmotiv que impulsó a Castillo, a lo largo de 27 años, a tratar de dilucidar qué ocurrió con la estatua.

"Lo que llama la atención -dice Castillo en su libro-, es que lo que más se dice de Crisanto se refiere a las “bolas grandes” del indio, y en cambio nada o casi nada se diga de su vasta y valiosa producción plástica".

Vale aclarar que Crisanto Domínguez fue el primer escultor chaqueño reconocido por la crítica especializada nacional con notables calificativos de calidad y creatividad; quien además incursionó en la pintura y en las letras.

Pero volviendo a la investigación, el escritor afirma que "la hipótesis de censura queda reflejada, no en la existencia de información referida al hecho sino, paradójicamente, en la inexistencia total de tales referencias, haciendo que todo se reduzca a la anécdota más o menos jocosa de la supresión de los genitales en el monumento, la reacción que tal acción provocó en los amigos de Crisanto (la Peña de los Bagres), y el posterior traslado del monumento al Lote 200".

El sector al que se refiere el autor es el actual parque 2 de Febrero en Resistencia, donde a principios del siglo XX funcionaba el cementerio municipal. Las versiones indican que al poco tiempo de ser puesto en exhibición sobre una de las avenidas principales de la ciudad y a sólo cuatro cuadras de la plaza 25 de Mayo, fue mutilado, luego -como si no fuera suficiente- retirado y que en alguna zona de ese terreno fue arrojado al lecho del río Negro que por allí circula.

CAMINOS DE INVESTIGACIÓN
Jorge Castillo comenzó su infatigable investigación de años con aciertos externos y tropiezos locales, estos últimos sustentados en lo que él califica de “retorno del reprimido, que induce a la reticencia, a la omisión y a la deformación de datos y recuerdos”, agregados a una sospechosa desaparición de fotografías, salvo una, que le permitió hacer un convincente fotomontaje del monumento. Aquellos aciertos y tropiezos motivaron al autor a hacer la reconstrucción de la vida de Crisanto Domínguez y que se terminaron convirtiendo en el eje de su libro.

En ese recorrido descubrió que el artista es celebrado en diversas partes del país y en el Paraguay por su calidad y genio artístico, algo que verdaderamente lo constituyó en patrimonio cultural de la Argentina, dado que obras suyas se encuentran en el Museo de Bellas Artes “Quinquela Martín” de la Boca, en el Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires, en el Museo Juan Ramón Vidal de Corrientes, en museos de Mendoza y Asunción del Paraguay y en incontables colecciones privadas, algunas de difícil o imposible acceso.

Hay que destacar, no obstante, que la censura al arte también tuvo una reacción. Castillo señala que la investigación le permitió dilucidar, “resignificando su sentido testimonial y considerando otros hechos contemporáneos de peso, en los cuales aquel clima de control y persecución mercadocrático -protagonizado por empresas extranjeras y funcionarios corruptos puestos en su cargos por el Ejecutivo Nacional- tuvo un papel fundamental tanto en la censura impuesta como en las reacciones libertarias surgidas como contraparte por el lado de un grupo de intelectuales, artistas y científicos agrupados en la llamada “Peña de los Bagres”, que con el tiempo devino en dos instituciones de prestigio que dejaron grabada su impronta a fuego hasta estos días como el Ateneo del Chaco y el Fogón de los Arrieros”.

En tanto, la maestra, escritora y ambientalista chaqueña Clara Riveros Sosa señala, a propósito del libro de Castillo y refiriéndose a Crisanto Domínguez, que este artista fundamental “es actualmente casi un desconocido y, aun peor, en los últimos tiempos su existencia se ha visto banalizada y el resto de su obra reducido en el imaginario colectivo -prácticamente suprimido- al asociarlas exclusivamente con las peripecias sufridas por su desaparecida escultura “El Indio”, y todo ello puesto en un contexto en el que se entrecruzan cierta picaresca y la crítica a una supuesta pacatería que se le atribuye a la sociedad resistenciana de los años treinta del pasado siglo”.

¿Qué fue de la estatua de “El indio”? ¿Su desaparición es sólo una leyenda urbana? Seguramente se desintegró y perdió para siempre. Tampoco fue exhaustivamente buscada. Pero a pesar de haber transcurrido 75 años, lo que ha quedado es el mismo relato, repetido una y otra vez sin mayores detalles. Y aún subyacen las dudas y las preguntas.

“TARAGÜÍ”
Dos años del escándalo de la escultura de Domínguez, en 1936 se conocía  en Corrientes la noticia que la obra “Taragüí” del correntino Amado Higinio Puyau obtenía el Primer Premio Salón Nacional. El artista explicaba en ese entonces que la escultura representa a “una bella figura femenina, todo energía, voluntad y carácter, que son los puntos fundamentales de nuestra raza… “Taragüí” es la nativa que representa al “pueblo cercano al río”.

La obra de yeso patinado en bronce fue donada por su autor a la Provincia de Corrientes y forma parte del patrimonio del Museo Provincial de Bellas Artes “Juan Ramón Vidal”. Un tiempo después Puyau realizó una réplica fundida en bronce que emplazó en la avenida Costanera  General San Martín. La estatua es un homenaje a la mujer guaraní; y hoy es considerada la figura representativa y simbólica de la mujer correntina.


Por aquellos años y tras conocerse lo ocurrido al monumento “El indio” de Crisanto Domínguez en Chaco, circuló muy fuerte un rumor, que alcanza hasta estos días, de familias que también sintieron afectada su moral pública por la imagen desnuda de la “Taragüí” y hasta se llegó a mencionar la posibilidad de que fuera arrojada a las aguas del río Paraná. Afortunadamente, ello no ocurrió o sólo fue un transcendido. Por suerte, en la actualidad todavía se la puede ver en el tradicional paseo de la capital correntina.




Fuentes y fotos:
“Crisanto Domínguez. (¿El que soñaba con París...?)”, de Jorge Castillo. Editorial Vianet.
Revista Lindes N° 4. Estudios Sociales del Arte y la Cultura. Mayo de 2012. Buenos Aires.
http://www.diarionorte.com/article/83453/cien-anos-de-crisanto
http://www.diarionorte.com/article/24724/crisanto-dominguez-regresa-en-la-coleccion-rescate-
http://marisa-corrientes.blogspot.com.ar/2011/01/la-taragui.html
Flickr - Fotolog Otogno



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